Una historia de bullying que tienes que leer. El poder de las palabras. ¡Cuidado, papás!

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“No cuento mi historia porque sea única, sino porque es la de muchas personas”

Cuando era niño sufrí de eso que ahora llaman bulliyng, todos los días caminaba aterrorizado a la escuela pensando en lo que me esperaba, en los empujones, en los insultos y en ese maltrato constante y cotidiano que acompaña el ser diferente. Recuerdo que tenía pesadillas y que de cierta forma entendí desde muy pequeño, en mis horas nocturnas, a solas, que no sería fácil ser quien era…

De hecho durante mucho tiempo pensé que aquellos quienes me maltrataban tenían razón, que algo andaba mal conmigo, con mi forma de moverme, de ser, de ver el mundo. Es como si a un ave le exigieran ser un reptil, como si la culparan por tener alas, hasta el grado en que el ave prefiere arrastrarse que volar.

El otro día leía una columna que me hizo mucho sentido, donde el autor con el pretexto del grito de “ehhhh puto” en los estadios de futbol, hace toda una reflexión en torno a este insulto (porque eso es en ese contexto), hablando tan francamente de lo que implica esa palabra para muchas personas, narrando cómo de pequeño uno entiende que para dejar de ser puto, uno tendría que dejar de ser lo que es, es decir para dejar nombrado por ese adjetivo, uno intenta “controlarse” desde muy pequeño, pretendiendo cuidar los ademanes, las palabras, los movimientos, sintiéndose ajeno a un cuerpo que,  por cierto, se mueve como quiere, como es.

En México lo femenino se devalúa y castiga, más cuando es portado por un hombre, aunque éste sea en realidad un niño. No hay lugar para ser otro que no sea macho, hay que chingarle para ganárselo, para construirlo, pero antes de llegar a eso, el precio es caro, uno intenta encajar, por supuesto sin éxito, porque en realidad nadie encaja, todos somos diferentes aunque algunos insistan en negarlo, incluso a través de la agresión, como esa que mató a gente en Orlando, en Xalapa y en muchos otros lugares, todos los días, a cada hora, cuando una persona es asesinada por no obedecer, por atreverse a ser quien es…

Una de esas personas fue mi amiga Agnes, psicóloga y activista transgénero, asesinada hace algunos años en Puebla. Recuerdo cuando empezó su transición, su lucha no sólo con lo externo, sino con los demonios internos, esos que se alimentan a base de insultos, ignorancia y desprecio. Ella luchó sus propias batallas y las ganó, alzó su voz como pocos y pocas, y salió todos los días a la calle, siendo quien era, en tacones, brava, feroz, porque a veces es necesario un poco de furia para ser escuchada/o.

Agnes Torres, mujer trans, asesinada

Siempre he pensado que quienes la atacaron, quizás lograron hacer daño a su cuerpo, pero jamás alcanzaron a tocar lo que la hacía única, su fuerza, su valentía, sus pensamientos, su alma, a todo eso, gente como sus agresores no tiene acceso, no pueden ni siquiera manchar un ápice de la fortaleza de un ser que se atrevió a ser contracorriente, y a dejar un testimonio de lo implica luchar por ser quien uno es.

Y entonces de pronto uno entiende que hay dos caminos: ser para los otros o ser para uno, que quien te ame será aliado, no enemigo, que la factura por ser auténtico y honesto con uno mismo es alta, pero que lo vale, carajo, que la libertad es un terreno que se trabaja, algo no dado, sino construido.

Ojalá estas líneas sean leídas principalmente por aquellas personas que aún no han entendido el poder de las palabras, sobre cuando es un niño quien las escucha. Dedico este breve texto a mi querida amiga Agnes, a su familia y a todos aquellos que saben lo que implica la exclusión, la discriminación y el odio, pero que de igual manera han logrado reponerse al abuso, asumiendo su propia historia, no desde la victimización sino desde el valor, desde el aprendizaje y el amor, ese amor que permite reconciliarse con la vida y con uno mismo, porque al fin y al cabo, entiéndanlo, ser gay, sólo implica otra forma de amor…

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Acerca de 

Psicólogo clínico con Master en Psicoanálisis y Cultura, Articulista. Apasionado por escuchar a las personas, dedicado a hacer preguntas para generar respuestas. Siempre he pensado que el escribir es terapéutico y qué mejor cuando la terapia se vuelve grupal al compartir lo escrito con otras personas. Espacio terapéutico en CDMX.

2 Responses to "Una historia de bullying que tienes que leer. El poder de las palabras. ¡Cuidado, papás!"

  1. Alejandro Quintanar  26 julio, 2016 at 18:19

    La verdad muy buen mensaje Saludos deberías de poner la opción de telegram saludos desde México del estado de sonora.

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  2. Anónimo  27 julio, 2016 at 11:57

    Y esa es solo una de miles de historias, me vi reflejado en algunas cosas, mi vida sexual la empece a los30 por miedo ignorancia y mil madres mas hoy a mis 40 pude decir quien soy y sabes nada cambia y como lo dijiste es solo una forma de amar ….saludos y muy agradecido por que comparta

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