La chica que me presentó mamá. Historia lesbo-erótica.

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La chica que me presentó mamá

Corría el día y me encontraba aburrida tirada en mi cama, alternaba mi lectura con el chequeo frenético y constante de mis redes sociales. No tenía plan alguno que me sacara de la comodidad que me daba mi cobertor y mis almohadas, sin embargo, mi madre cambiaría no solo mi día, sino el transcurso de mi vida.

Doña Caro, me invitó a cenar a casa y advirtió que no podía cancelar ya que era un día importante en la familia. Me apresuré a bañarme, llevando conmigo toda la flojera que mi ser había acumulado durante todo el día. Me vestí y me dirigí a casa de mis padres.

Al llegar, mi escandalosa y numerosa familia ya se encontraba acomodada en la sala y el comedor. Saludé a todos sin percatarme de un nuevo rostro. Me dispuse a comer para salir rápidamente de ese ruidoso ambiente, a pesar de que disfruto de mi familia, prefería del cómodo ambiente de la soledad. Sin saberlo, mi madre se encargaría (involuntariamente, claro) de mantenerme atenta toda la noche. Cuando terminé mi cena, me disponía a salir de allí cuando mi madre, gritó: ¡María! Ven a la cocina. Haciendo muecas y un tanto molesta me dirigí a verla, cuando estaba a punto de contestar de la forma más desagradable, mi voz se ahogó al ver ese rostro tan bello. Una mujer hermosa, de sonrisa coqueta y ojos grandes, debo decir que tengo una fascinación con las mujeres de ojos grandes y expresivos, ella al igual que yo, enmudeció. Sus ojos se clavaron en mí. Acto seguido, mi madre nos presentó rápidamente Nora, María; María, Nora.

No tardamos mucho en entablar una plática, larga e interesante. Libros, anécdotas, mascotas, interminable la plática. De ahí para el real, comenzamos a salir continuamente, primero, sin pretensión alguna, aunque las dos sabíamos que teníamos algo más que química. La tensión sexual podía notarse a kilómetros. Cada vez que ella rozaba mi mano, me abrazaba o acomodaba su melena, una corriente eléctrica recorría mi ser y anhelaba tenerla entre mis brazos, desnuda, expuesta totalmente.

Semanas más tarde, la invité a cenar. Preparé un exquisito menú y ella se ofreció a llevar el vino. Conforme avanzaba la noche, las copas de vino se multiplicaron y la plática se volvió un tanto acalorada. El roce de su mano con la mía y el calor del alcohol, provocaban reacciones en mi cuerpo, así que me paré para despejar mi mente y no arruinar la noche viéndome como la típica lencha desesperada (aunque llevara un par de días deseándola a morir). Tomé los trastes sucios y comencé a limpiar el área para dejar solo las copas de vino. Nora, no dejaba de observarme, su cara estaba coloreada con unas tenues chapitas que se dibujaban en sus pómulos pero eran sus ojos medio cerrados por el efecto del vino, los que recorrían mi cuerpo y en su afán de seducirme, humedecía sus labios. Sentía el calor que se apoderaba de mi cara y ella me lo hizo notar, con una sonrisa pícara y coqueta.

Dejé de mirarla para sacar el postre, cuando sin esperarlo, sentí sus manos entrelazando mi cintura. Un escalofrío se apoderó de mi cuerpo. Me incorporé lentamente para no quitar sus manos de forma abrupta, lo que hizo que me apretara más a su cuerpo, comenzó a besar la parte trasera de mi cuello y tomando mi cintura, giró mi cuerpo para quedar frente a frente. Sin contenerme, tomé sus labios con pasión mientras ella estrujaba mi trasero y yo apretaba su cintura. En un acto repentino, me detuve y dije que no podía continuar, que iba en contra de lo que yo predicaba, que debíamos ir más despacio, para mi sorpresa, la respuesta fue un beso en el cuello y un susurro que decía: no voy a parar hasta ser tuya. Mi mente se puso en blanco y simplemente me dejé llevar por lo cálido de su boca. Besaba mi cuello y jugueteaba con mis orejas. Mis manos inmediatamente se posaron en sus nalgas, marcadas, firmes y paradas.

Cambié el ritmo del ambiente, los besos, los torné lentos y húmedos, sin prisa, quería que el placer que estábamos experimentando se extendiera por más tiempo. Ella, estaba presurosa por llevarme a la recámara pero la detuve y le dije que la cama podía esperar. Mis manos temblorosas desabotonaban su camisa y ella mi pantalón, de fondo nos arropaba James Bay con Move Together. Con el último botón quedaron al descubierto sus hermosos pechos, los contemplé por unos segundos y aunque tenía una vista envidiable, giré su cuerpo. Despojé de su cuerpo la camisa para darle la bienvenida a su espalda con mis labios. Nora, estremecía y arqueaba su cuerpo como queriendo escapar de mi boca pero más allá de separarme, pegó su trasero a mi pelvis y tomó mi cabello mientras yo besaba sus hombros y con voz entrecortada me dijo: ¡cógeme!

Continuará…

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Acerca de 

¿Quién es Rosa Luz?

Intérprete de profesión y burócrata por necesidad. Cocinera innata y sibarita. Hablo hasta por los codos solo los locos me entienden. La palabra que describe mi vida, perseverancia. Tengo una infinidad de pasiones pero la que más me distingue es la lucha contra el maltrato animal, soy animal lover.

Tengo un carácter muy fuerte, aunque tengo un alter ego muy chillón y sensible, graciosa, loca y rebelde.

One Response to "La chica que me presentó mamá. Historia lesbo-erótica."

  1. Susan  12 agosto, 2015 at 19:31

    Ok ok , ese continuara si me agrada.

    Responder

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