Un clavo no saca a otro clavo. No sufras más el truene de tu relación.

Etiquetas: , ,

un clavo saca otro clavo

Si crees que un clavo saca otro clavo… ¡no sabes nada de carpintería!

¡Es increíble! pero media hora después de haber abordado el camión que me llevaría lejos de Antonio para siempre y me traería a la CDMX a comenzar de nuevo, los mensajes y los whatsapps empezaron a llegar como por arte de magia.

El primero en la lista fue Gerardo, al que definiría como una versión mía pero más castaña y con un aliento extraño, un gran amigo y excelente persona. Gracias a él conocí los antros gay de la ciudad y también empecé a conocer gente nueva. Hasta que una noche al final de una fiesta ¡sopas! nos besamos. Después de eso me confesó estar enamorado, yo le expuse mis razones por las cuales no podía verlo más que como amigo. Pero al final no pudo y nos tuvimos que dejar de hablar por el bien de “todo Naucalpan de Juárez”.

Le siguió Abel; tenía ya varios días invitándome un café y yo le sacaba la vuelta, no tenía ánimos de salir ni de mi recámara, hasta que se me acabaron los pretextos y accedí. Esa primera cita fue divertidísima y él me gustó mucho. Empezamos a salir. Todo estaba perfecto hasta que los detalles empezaron a “saltar a la vista”. Primero en cuanto chingado restaurante, supermercado, bar, café entrábamos, terminaba discutiendo y gritoneándole a cuanto mesero, cajero, valet nos atendía. Me la vivía mortificado todo el tiempo cuando estábamos juntos esperando el momento en que “Mr. Hyde” apareciera. Ahora si que como dijo “la gabacha”: “Im sorry” lo despaché tranquilito y suavecito pa´ que no me tocara a mi también una gritoniza y ahí se acabó la historia.

Y por último apareció Cesar. Era un verdadero “catch”, osease, un “partidazo” guapo, exitoso, no muy alto pero muy culto, fiestero pero metido en el “reiki”, vivía cerca pero “vivía lejos” ¡una chulada! Pero después de ir a una noche de películas, palomitas y besos en su casa me di cuenta que definitivamente yo no estaba listo para dejar “entrar” a nadie, vaya, ni para salir formalmente con nadie. Simplemente sentía que no había nada que ofrecer, porque Antonio se había quedado hasta con mis comics, literal.

Una noche me puse a pensar : “¿Acaso estoy buscando un clavo pa´ sacarme otro clavo? ¿Estaré inconscientemente buscando el reemplazo de Antonio o simplemente olvidarme de él?” En cualquier caso no era justo para estos “buenos hombres Clavo” que no me hacían ni cosquillas, por lo menos no en el corazón. Me di horror; me sentí como un “utilizador”, me sentí mezquino, calculador y abusivo. Rápidamente me comuniqué con Romina, y le pregunté: “¿Soy una mala persona por hacer esto?”. Ella con el desparpajo que la caracteriza respondió: “Ni te sientas mal. Todos hemos sido el “clavo sacado o el clavo metido” de alguien Ahora te toca a ti y si salir con ellos o con 5 más te ayuda a estar bien, ¡déjate!

Días después tomaba café y fumaba con Fátima mientras platicábamos del tema. Cruzó la pierna, echó una bocanada de humo y dijo levantando una ceja: “Nadie es el clavo de nadie. Todo es un intercambio de necesidades. Tu estas ansioso por estar bien; el o ellos te hacen sentir bien y tú no sabes lo que ellos ganan o reciben al estar contigo. Todos necesitamos de todos”.
Según ella estaba en la etapa de “pre-olvido” en la que dejo que todo me bombardeé para recuperarme. Esto me hizo reflexionar sobre lo que había estado haciendo desde que pisé la CDMX, y llegué a la conclusión de que en mi caso el viejo dicho de “un clavo saca otro clavo” se aplicaba de forma diferente, porque para mí los “clavos” no eran otros hombres que reemplazarían la figura de Antonio; para mí los “clavos” eran “sensaciones varias” de todo tipo: los desayunos en Álvaro Obregón con mis papás, los domingos en Interlomas con Rosana mi tía, TGFridays con Fátima, Romina y sus “cachetadas emocionales”, Sofi mi hermana y Jaime mi cuñado y sus fiestas “Versallescas”, Paco mi primo y sus “chelas casuales”, Paseo de la Reforma y sus jacarandas… Todo eso y más traía en mi “caja de herramientas” para sacarme al “clavo” que como vello enterrado estaba “chíngueme y chíngueme”.
Aunque también tengo que reconocerles a ésos 3 “Hombres clavo” que entre cenas, cine, fiestas, cafés, besos, revolcones y risas, me hicieron darme cuenta de que Antonio al darme en la madre y dejarme ir, no perdió un clavo, sino toda la ferretería…

¿Qué opinas tú del “Clavo que saca a otro Clavo”?

Nos leemos en la próxima.

¡Suscríbete gratuitamente al blog!

Acerca de 

Este espécimen de cola corta (llegó tarde a la repartición de nalgas), es fácilmente reconocible por el color rojizo oscuro de su pelaje y sus grandes ojos marrones sobre su desafiante rostro. Originario “sateluco” pero se le ha visto la mayor parte de su vida en las costas jaliscienses y en los últimos años en la CDMX. De comportamiento impredecible, evolucionó y abandonó su carrera profesional como Administrador de empresas para prepararse y dedicarse al teatro. En cuanto al cortejo…mejor lean sus colaboraciones.

Twitter @cejudisimo
Instagram @cejudisimo

¿Cómo ves?