Cuando tus citas de amor son iguales a tus citas de trabajo…. ¿Te ha pasado?

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gay en el trabajo

Yo que en mi corta vida de 32 años he sido hamburguesero, chalan, vendedor, C.C.C. (las siglas para Chacha, Chofer ,Cheff), asistente administrativo (por no decir secretaria bilingüe con computación), administrador, traductor, miniempresario, actor, escritor y hasta consejero (porque sé que es igual de difícil y complicado encontrar un buen trabajo que un buen novio), lo chistoso es que mi “ex” me encontró primero a mí que a un buen plomero que le arreglara el baño, el cual terminé arreglando yo, por supuesto.

Total que ese año, en el que de un jalón me quedé sin novio y sin trabajo, me di cuenta que el proceso de “reclutamiento y selección” es exactamente el mismo tanto en las empresas como en los misteriosos y espinosos caminos del amor.

1) Primero buscas y buscas, avientas ya sea tu CV o los calzones (o los dos) a varias opciones que medio te suenan interesantes, y no puedes hacer otra cosa más que esperar

2) Por fin cae uno o varios en el anzuelo y te llaman. Se concreta una cita y cuelgas el teléfono con la extraña sensación de que éste es “el bueno”. El primer paso ya lo diste, o sea, ya le gustaste a la otra parte aunque sea por encimita

3) El día de la cita te pones tus mejores garras y llegas al lugar. Te sientas, esperas, revisas tu celular, tratas de mostrarte tranquilo y sereno mientras que por dentro estas así de: “¡aymamacita!…¡aymamacitachula!…¡aymamacitaporfavor!”

4) Total que llega el susodicho o el de recursos humanos y ¡empieza el show!

Aquí es donde todo se define, porque tienes de 2 sopas, o eres completamente transparente y auténticamente “TÚ”, o le finges tantito según para causar la mejor impresión.
Todos van a decir: ¡tienes que ser tú mismo! Pues no siempre funciona; como la vez que me entrevisté para unos laboratorios; nunca había sido tan autentico en una entrevista y me salieron con que -eres tan extrovertido y el puesto es tan aburrido que no encajas con el perfil- ajá, díganle eso a mi tarjeta de crédito. Lo mismo me pasó con Benito con quien en la primer cita dije -que de una vez me conozca como soy- lo invité a cenar tacos y me fui de sweater, jeans y “van-vien”, parecía yo arquitecto, o mejor dicho, arquitecto-brujo porque lo desaparecí. Jamás me volvió a llamar o a contestar un mensaje. Me dio en el orgullo.

En contraste, a veces no eres tú el rechazado, hay ocasiones en las que te vas con la finta de que es el trabajo (o el wey) perfecto, y terminas diciendo -¡que pase el próximo!- como la vez que llegué a este gran corporativo en una zona muy” nice” de la ciudad de México, todos impecables de traje, muy ejecutivo el asunto y yo emocionado y deslumbrado. Pero en la primera entrevista casi casi me dicen -nos vas a pagar por trabajar y además nos entregarás tu vida entera para que termines así de serio y amargado como todos esos trajeados que ves por aquí-.

Lo mismo me pasó con Vicente, algunos cuántos años más grande que yo (9) y que me deslumbró su madurez, estabilidad y su traje azul marino, pero cuando me di cuenta que me iba a arrastrar por todo el empedrado a las primeras de cambio (sentimentalmente hablando), decidí alejarme. Lo primero que ves no siempre te muestra la realidad.

Hace poco, ya cansado de peregrinar fui a una cita de trabajo a la que no quería ir porque no parecía ser buena. Y cuando llegué al lugar, me quedé pasmado de la fachada del edificio; casi en ruinas con las ventanas tapadas con plásticos, sucia y vieja. Respiré profundo y entré. ¡Cuál sería mi sorpresa, que me vi dentro de unas oficinas muy vistosas y modernas! Desniveles, cristales, colores y formas. Las personas desde la que estaba barriendo la escalera hasta el que supuse era uno de los “de arriba” saludándome como si me conocieran. ¡Más “boquiabierto” no podía estar!

El puesto resultó genial y me contrataron al otro día. Me tocó el jefe perfecto y un grupo de compañeros con los que trabajaba y me la pasaba poca madre todos los días. Ahora sí que como dijo Riahana: “we found love in a hopeless place”. Nada diferente a lo que me estaba pasando con Fernando, de primera instancia no pareciera ser físicamente del tipo de hombres en los que solía fijarme pero me bastaron unas “alitas” y una noche de plática para que me atrapara.
Una noche saliendo de mi nuevo trabajo, cené con Fernando, y no pude evitar pensar en cómo los dos me habían cautivado de una forma muy similar, la única diferencia es que al contrario de como andaba en mi oficina (en chinga todo el tiempo), con él debería caminar mucho más despacio.

¿Qué opinas del tema del los amores y los trabajos?

@cejudisimo

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Acerca de 

Este espécimen de cola corta (llegó tarde a la repartición de nalgas), es fácilmente reconocible por el color rojizo oscuro de su pelaje y sus grandes ojos marrones sobre su desafiante rostro. Originario “sateluco” pero se le ha visto la mayor parte de su vida en las costas jaliscienses y en los últimos años en la CDMX. De comportamiento impredecible, evolucionó y abandonó su carrera profesional como Administrador de empresas para prepararse y dedicarse al teatro. En cuanto al cortejo…mejor lean sus colaboraciones.

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2 Responses to "Cuando tus citas de amor son iguales a tus citas de trabajo…. ¿Te ha pasado?"

  1. Lulú  22 septiembre, 2016 at 12:03

    Pues que son de la chingada, pero ahí está uno vendiendo el alma con todo gusto.

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  2. Angel Bustillos  22 septiembre, 2016 at 12:17

    Y así como ellos este post me atrapo de forma inesperada, gracias por el buen momento a mitad del día

    Responder

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