Un capítulo en mi vida: Cuando los problemas le sacan brillo al amor

Comparto este capítulo en mi vida a manera de agradecimiento y con la intención de ayudar a recuperar la esperanza a todos aquellos que aseguran que el amor no existe y que no tiene sentido asumir un compromiso de pareja.

Despertamos juntos como cada mañana. Yo con un espíritu renovado después de haber tomado fuertes decisiones en mi vida, de haber renunciado a mi trabajo a cambio de una vida feliz, congruente con quien soy, con mis sueños y con lo que me dicta el corazón. Porque cuando no lo hacemos, tarde o temprano la vida nos pasa la factura a los #TONES.

Le dije: buenos días, mi Chulo, y le di un beso muy a nuestro estilo mientras me reía de su pelo esponjado y nuestras caras hinchadas. Contento me levanté de la cama para ir al baño, el piso estaba frío. De pronto comencé a sentir un dolor muy fuerte en la espalda baja, grité y me caí al piso.

Él se levantó como resorte de la cama. Jamás olvidaré su carita al verme tirado y gritando de dolor. Intentó cargarme pero el dolor aumentaba. Lo más que logramos juntos fue arrastrarnos hacia la cama, aunque ni siquiera logró subirme por completo. Con medio cuerpo en el piso y la otra mitad sobre el colchón, yo gritaba desesperado, mi gata y mis perros de inmediato se acercaron y comenzaron a darme besos mientras yo escuchaba la voz de mi Chulo al teléfono: “buenos días, necesito que me mande una ambulancia”.
Por segundos el dolor desapareció pero después volvió con más fuerza. No podía moverme, me daba miedo que me lastimaran los camilleros en el momento de levantarme, pero lo hicieron perfecto. Qué bendición es encontrar gente que hace su trabajo con amor y con verdadera vocación.

Ya camino al hospital, bien derechito sobre una placa fría de metal, en calzones y camiseta (porque no pudo moverme mi novio ni para cambiarme) recordé cuando acababa de conocerlo. La primera vez que salimos de antro regresamos a su casa con la salida el sol, dormimos un rato y al levantarnos hambreados y querer ir a desayunar, el coche había desaparecido. En aquella ocasión terminamos trepados en una patrulla con un ambiente festivo de luces azules y rojas y un soundtrack a cargo de los policías que silbaban “I’ve got the moves like Jagger”. Él se tapaba la cara de vergüenza con su sudadera mientras yo moría de risa e inmortalizaba la escena en un vídeo.
Para no dejarlos pensando que nos robaron el coche, sólo les digo que al final apareció a dos calles de donde lo habíamos buscamos. Sí, Dios los hace y ellos se juntan. No cabe duda que los astros se marean al alinearse cada 8 de julio. Porque hasta eso tenemos, cumplimos años el mismo día. Sólo que para cuando él estaba naciendo, yo ya comenzaba a hacerme mis primeras chaquetitas. Jajajaja #sweet13

Pero bueno, poco más de dos años pasaron después de la escena de “la calle de las sirenas”, luces, Chulos, video y en esta ocasión se repetía con una ligera variación, porque mi vida podrá ser lo que quieran, pero nunca aburrida. Corrección, lo fue por tres años en los que dejé de escuchar al corazón, pero gracias a mi decisión, ya todo volvió a la locura habitual.

El Chulo siempre me cuida, me aguanta, me comprende, él sabe ser lo suficientemente inteligente para anteponer nuestra relación ante cualquier berrinche o mal día. Y es que la edad no es ningún impedimento en una pareja si se comparte el deseo de construir una vida a lado de alguien. “Misteriosamente las dificultades, los problemas unen”.

Después del grito en el baño de la casa y el paseo en ambulancia, llegamos a la sala de emergencias del hospital. El Chulo desapareció por un rato. De pronto se abrió la puerta del cubículo en el que yo estaba y apareció con unos papeles en la mano. Me dijo: “ya arreglé todos los trámites del seguro de gastos médicos para todo lo que se llegue a ofrecer”. Me pusieron la poco lucidora batita blanca de hospital, me llevaron a rayos X, después a una resonancia magnética y más tarde llegó mi doctor a decir que tenía que operar, que debía quitarme 3 hernias y ponerme unas prótesis de platino. El Chulo y yo nos volteamos a ver con cara de susto, porque siempre dije que lo último que haría sería dejarme operar la espalda. Pero como hace poco decidí volver a vivir desde mi intuición, mi corazón y mi fe, de inmediato respondí: pues opéreme, doctor. Yo confío en usted. De verdad que confiar en la vida da paz, desaparece cualquier tipo de miedo.

Entonces me puse a revisar los papeles del seguro y se me hinchó el corazón de amor y ternura cuando leí que mi Chulo, en la línea de parentesco escribió: “esposo”.
Dos años de relación han servido para generar cambios positivos en los dos. Nos hemos inyectado fuerza y valor el uno al otro. Antes él hacía muchas cosas con demasiada discreción, hoy grita y defiende lo que piensa y siente.
Las situaciones incómodas que nos toca vivir, al final nos colocan en un nuevo lugar muy cómodo.

Me cambiaron a otra área del hospital en la que había varios cubículos divididos por unas cortinas azules. Ahí nos tuvieron un par de horas hasta que nos asignaron cuarto. El 4136 estaba ya esperando por mi. Y ahí vamos para arriba otra vez sobre la camilla fría de metal que me hacía sentir como en clínica veterinaria. Los enfermeros corearon en voz alta 1,2, 3 ¡jala! y yo ya estaba completito sobre la cama. Me enchufaron el suero, uno de color verde radioactivo que más bien parecía “Maestro Limpio” (limpiador para pusis, perdón! Pisos!) jajaja y me pusieron unas pulseritas con todos mis datos en la muñeca, muy al estilo de las “all inclusive” de un hotel, sólo que estás eran de las baratas porque no incluían alcohol, pero eso sí, me daban derecho a un fabuloso coctail de drogas que lograron calmarme el dolor y me hicieron dormir de lo lindo por los siguientes 6 días.
Entré al hospital en viernes y la operación se programó para el lunes. El fin de semana fue aburrido pero claro, tuve tiempo y ánimo para grabar y editar un vídeo. Durante el día mi familia siempre estuvo al pendiente y tuve visitas, en las noches, el Chulo se quedó siempre a cuidarme. Y claro, cómo no iba a hacerlo si él dejó muy claro en los papeles que llenó que era mi esposo.
Tengo la bendición de contar con una familia maravillosa que quiere mucho a mi sr. marido.
Ok, todo seguía aburrido hasta que el domingo me hicieron tomar 3 botellas de litro y medio con laxantes. Como se imaginarán, la cosa se puso bastante movida. Y es que hay ocasiones en las que se vale cagarla! Es más, uno tiene que permitírselo! Jajaja.

Lunes, 8:00am, vámonos a quirófano. Yo absolutamente tranquilo y de buen humor. El doctor tuvo el buen gusto o el descaro de ponerme música de ABBA. ¿Quién sabe por qué lo habrá hecho, verdad? Pero se le agradece. Fue entonces cuando me sentí en un musical, cuando volteé a ver los instrumentos quirúrgicos y al mismo tiempo en las bocinas se escuchaba “Chiquitita, ¿dime por que?”. Duró poco la diversión. Llegó el famoso conteo: 10, 9, 8, 7 y bye. A los brazos de Morfeo.
Por ahí de las 5:00 pm, después de haberme metido cuchillo y dos prótesis de platino, no de silicón… Jajaja, me subieron al cuarto, para entonces yo ya estaba despierto. Me sentía bien, nada de náuseas ni esas cosas desagradables de mujer embarazada, todo perfecto después de mi cesárea vertical. O sea, no se me cubrirá con el bikini. Lo curioso es que con lo vanidoso que soy, no esté mortificado por la cicatriz. Lo que sucede es que para mí las cicatrices son como los tatuajes; son marcas personales de vida, son historias en la piel. Lo que sí me pudo fue saber que no podré hacer pesas en el gimnasio por 3 meses aproximadamente.

Con todo y mis vanidades, en el fondo creo que soy cool, claro que hay cosas que uno no desea, pero cuando resultan inevitables, siempre opto por respirar profundo y sonreír. Mi vida necesitaba una pausa, quizás mi cuerpo también un descanso y sin duda, mi mente aprender a darle prioridad a lo verdaderamente importante. Aunque no he de negar que por mi cabeza pasa la idea “ahora me pondré más bueno que antes pero mientras tanto, a disfrutar más la comida”. Jajaja
Uno como quiera está en la cama enchufado al suero y cumpliendo una cita con el destino, no hay nada que pueda hacer para resistirse, eso da tranquilidad. Pero la gente que está a tu lado cuidándote y en las noches desvelándose por ti, tiene que continuar su vida habitual. Hay momentos en la vida en los que el gran regalo es darte cuenta de la gente que verdaderamente te quiere y se preocupa por ti. También es una oportunidad para ellos de descubrir lo que en realidad significa uno en sus vidas. El amor es algo que se construye con el tiempo, que se teje con momentos fáciles y difíciles, pero los difíciles siempre son los que más unen.
El tiempo que estuve internado en el hospital me sirvió para comprobar que existe la verdadera vocación y que cuando se tiene, vivir por ella es lo que da la felicidad.

Qué agradecido estoy con todos los cuidados del ejército de enfermeras que con tanto cariño me cuidaron y no dejaron dormir al Chulo en las noches por irme a tomar la presión, darme mis medicamentos y tomarme la temperatura cada dos horas. También por la cara de satisfacción, tranquilidad y alegría de mi Ortopedista al darme los resultados de la operación y ver mi rápido progreso. Y también me siento agradecido con el doctor barbón, pelirrojo de guardia que usaba debajo de su bata azul, camisetas de los superhéroes. Su look de actor porno me rescató varias veces del aburrimiento.
Mientras estuve internado me di cuenta que en nada me incomodan los cuidados de las enfermeras ni las consecuencias naturales de una operación. Eso es una maravilla porque imagino que habrá gente muy pudorosa u orgullosa y pulcra que debe sufrir al verse obligados a que alguien desconocido tenga que bañarlos, lavarles sus partes y hasta cambiarlos de pañal.
A los dos días de operado me levantaron a caminar. Sí todo mi cuerpo hinchado, con un look muy similar al de un tinaco Rotoplas, tuvo que ponerse de pie. No fue nada difícil. Al cuarto día de la operación salí caminando del hospital sintiéndome perfecto.

Entonces uno pasa al súper a comprar provisiones para invernar el tiempo de recuperación. El problema surge cuando sintiéndote tan bien, se te hace fácil comprarte una torta de pollo, de esas que venden en el Superama ya preparadas. Y claro, como te sabe incípida, pues le pones unas rajas de jalapeño y chile chipotle. La estupidez no tiene límites pero sí consecuencias. Tan contento que llegué a mi casa y ya para las 11:00 pm… ¡Dios! Nunca en mi vida me había sentido tan mal. No me podía mover, sentía fuego por dentro y no del de una noche de pasión, sino el de una noche de despedida. El cuerpo me explotaba, se me contraían las manos, las piernas, las ingles, la temperatura subía a 39 grados y bajaba a 35 en cuestión de minutos. El Chulo a mi lado, en vela, cambiándome los trapos mojados y fríos sobre la frente cada 5 minutos, ¡esos que se sentían como el ice bucket challenge! A los pocos minutos una temblorina espantosa y después la hipotermia, ¡qué horror! Pobres Rose y Jack en Titanic. Los entendí perfecto, pero aquí era peor sumándole la cirugía por la qué acababa de pasar. En fin, como siempre “todo pasa”. 24 horas después, volví a sentirme mejor y verlo a él a mi lado, al pendiente de todo, besándome la mano y la frente todo el tiempo, me hizo dar doblemente gracias a la vida y por supuesto, a él, mi Chulo.
Estos momentos jamás los olvidaremos ninguno de los dos y serán siempre un lazo de amor entre nosotros.

Pasaron los días y al pasar yo frente al espejo seguía viendo un tinaco Rotoplas, pero a decir verdad, mi cuerpo iba deshinchándose rápidamente. Cada que me bañaba platicaba con él, le agradecía lo bien que estaba respondiendo al tratamiento, lo apapachaba y al ponerle crema, visualizaba luz verde en cada célula sanando y generando belleza.
¡Qué bien funciona esto! Ayer fue mi primer cita en el consultorio del doctora 11 días de la operación, esa que me permitió volverme a poner de pie y que también me hará sonar en cada aeropuerto, porque aunque nunca logré hacer una carrera de cantante, la vida me acaba de entregar dos discos de platino, lo extraño es que me los haya colocado en la espalda baja.

El doctor, ese personaje que desde la primera vez que vi me inspiró confianza y me cayó tan bien, el mismo al que me resultaba difícil ver a los ojos porque los pelos en sus orejas me distraían demasiado, y es que juro que se podría hacer una trenza de cada lado…., con una sonrisa y una mirada de satisfacción me dijo: estás perfecto, sigue las indicaciones para tu recuperación y muy pronto volverás a tu vida normal, bueno, ya sin dolores de espalda. Me miró fijamente a los ojos por unos segundos y me dijo: “es más, de una vez te voy a quitar los puntos”.

Llegó el momento de la verdad, hasta ese día un parche blanco de aproximadamente 15 centímetros había cubierto la herida en el abdomen. Todos hubiéramos pensado que la herida estaría en la espalda pero no, el doctor dijo que era más seguro y menos molesto para mí operar por el frente.
“Recuéstate” dijo el ortopedista, me levantó la camiseta y se dispuso a hacerme un depilado arrancando cuidadosamente, pero de una todo el parche. Y entonces me asomé a ver. ¡Quedé maravillado del trabajo del doctor, de lo sutil y discreto de la cicatriz. Estoy seguro que con el tiempo casi será imperceptible.
Con lo vanidoso que soy, nunca me preocupó la cicatriz, nunca me preocupó nada, al contrario. Yo sabía que mi vida necesitaba una pausa, un de aquí en adelante y le agradecí a la vida la oportunidad de dármelo.
Mi familia dudaba, se preocupaba por pedir opinión de más médicos , tenía miedo, yo no. Le dije a mi mama: “no me interesa escuchar sus historias trágicas ni que me contagien sus miedos. Por favor, evita traer a mi cuarto ese tiempo de energías y comentarios porque su realidad es una y la mía es otra. ¡Yo voy a salir perfecto de esto y feliz!” Y gracias a la vida, así fue. Tengo que continuar en reposo algunas semanas y después poco a poco comenzar a hacer ejercicio de nuevo, pero qué más da. La vida es muy sabia, tiene sus tiempos perfectos. Lo que es para mí se quedará y lo que no, se irá. Y con esa confianza y alegría es que he decidido vivir mi vida. El amor de mi familia me hace más fuerte, el amor de
mi pareja y mis hijos (More, Aguacate y Michu) me llenan de alegría cada mañana. La fe y la reconexión con mi mundo mágico hacen que todo se vuelva más fácil, más emocionante, más gozoso y claro, que tenga menos explicación.

“Los problemas le sacan brillo al amor”.

Tenia varios días pensando en publicar este escrito tan largo y decidí hacerlo hoy. No hay casualidades. Me acabo de enterar que hoy el el Día de la Familia. 😃🙏🏼👬 👭 👫 🐶🐱

Gracias por leerme y por darle sentido a cada momento de inspiración que decido compartir.

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15 Comentarios

  1. Federico G
    6 Marzo, 2016
    • Anónimo
      6 Marzo, 2016
  2. Arielle
    6 Marzo, 2016
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    6 Marzo, 2016
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    6 Marzo, 2016
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