Corazón Fitness. Todos somos cabroncitos en el amor.

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-¿Ya te diste cuenta que hemos lastimado más veces de las que nos han lastimado a nosotros?-
Me dijo Aster, mientras comíamos y platicábamos de nuestras vidas amorosas.
¡Es cierto! Y lo hemos hecho con la bandera de “Pues es que me lastimaron y pues todavía no puedo tener nada serio” ¡Qué injustos!

Ese comentario me dejó pensativo toda la tarde. ¿Por qué si sabemos que no nos vamos a enamorar o a comprometer o por lo menos a intentar comenzar “algo” dejamos que las cosas con alguien suban de tono?

Debo confesar que al principio (y con “al principio” me refiero a cuando comencé a conocer weyes de nuevo ) salía con cuanto se me acercaba, y no era más que mi propio vacío y desesperación por distraerme de la punzada que traía en el pecho (y en otras partes) y obviamente por sentirme deseado y gustado por alguno, o por todos. Era como una necesidad de demostrarme a mí mismo que podía ser de quien yo quisiera. Grave error.

No voy a mentir diciendo que me la pasé mal, al contrario, conocí personas muy interesantes, muy locas, muy “nadaqueverientas”, muy sencillas, muy malas, y también me conocí yo mismo.
Primero, era yo muy claro en -Sabemos los dos que esto es ocasional ¿verdad?- y nunca tuve ningún problema, tan solo era una llamada, se ponía uno de acuerdo y el mundo y las sábanas rodaban.
Pero en eso llega alguien que decide que no se piensa ir y ahí es donde “la puerca tuerce el rabo” porque tú no estás listo, o mejor dicho, no te da la gana estar listo, pero lo dejas entrar poquito, y un poquito más hasta que te das cuenta que el otro ya está bien clavado y tú, “frozen margarita” o como dice el Aster “frio como las nalgas del mi abuelita”. Así me estaba pasando con Fernando. Sí sentía algo por él, pero “¡NO ERA!”. Debía parar lo que sea que tuviera con él antes de que lo lastimara.
A veces no entiendo a las personas. Cuando me enamoré y entregué hasta las manitas no quisieron comprometerse, y cuando le quería dar vuelo a la hilacha sin compromiso resulta que todos querían algo serio y formal.
Pues es lo que nos estaba pasando al Aster y a mí y en mi caso no era algo que me agradara.
Más tarde, tratando de luchar en contra de mi genética familiar, llegué al gimnasio. Ese día había bastantes personas, y tuve que esperar a que se desocupara una elíptica para calentar. Eso es lo malo de los gimnasios que muchas veces hay que esperar, además de los distractores como brazos, piernas, nalgas, pechos y esas cosas que a uno le gusta mirar.
Total que decidí darle la espalda al resto de la “maquinaria” y me dispuse a disfrutar de una sesión larga de caminadora escuchando música desconectándome de todo el entorno. Cuando me di cuenta ya había pasado una hora y paré. Al voltear el gimnasio se había vaciado. Sólo estábamos la recepcionista y yo, la cual no tardó en irse tampoco y al quedarme completamente solo, en ese galerón casi a media noche sentí miedo. No sé si miedo a la soledad, o a la oscuridad, o a la sensación de vacío.
Me concentré en la música y continué con el ejercicio. Al terminar me di cuenta que había aprovechado al máximo, que había hecho la mejor rutina de mi vida, porque me tomé el tiempo necesario para cada ejercicio y para cada aparato sin brazos, piernas, nalgas ni pechos distractores que son como las mecedoras; te entretienen pero no te llevan a ningún lado. Me senté a descansar cuando me vi en el gran espejo de toda la pared y me di cuenta de que eso era lo que necesitaba, ESTAR SÓLO Y TOMARME EL TIEMPO NECESARIO PARA MÍ hasta que solito el corazón, la mente y el cuerpo estuvieran lo suficientemente “fitness” para amar de nuevo.
Llegué a casa, y le llamé a Fernando. No volví a saber de el. Espero que lo haya entendido.

Nos leemos la próxima semana.

@cejudisimo

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Acerca de 

Este espécimen de cola corta (llegó tarde a la repartición de nalgas), es fácilmente reconocible por el color rojizo oscuro de su pelaje y sus grandes ojos marrones sobre su desafiante rostro. Originario “sateluco” pero se le ha visto la mayor parte de su vida en las costas jaliscienses y en los últimos años en la CDMX. De comportamiento impredecible, evolucionó y abandonó su carrera profesional como Administrador de empresas para prepararse y dedicarse al teatro. En cuanto al cortejo…mejor lean sus colaboraciones.

Twitter @cejudisimo
Instagram @cejudisimo

2 Responses to "Corazón Fitness. Todos somos cabroncitos en el amor."

  1. Anónimo  13 octubre, 2016 at 12:35

    Te aplaudo.

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  2. Anónimo  13 octubre, 2016 at 19:13

    Jaja ..Amé cuando dices que vas al gym a “combatir tu genética familiar” Jaja ¿Que cuuuuulpa tiene tu madre de tu lonja? jajajajaja

    Responder

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