¿Cómo reconocer cuando estás enculado y no enamorado de alguien?

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Después de haber escrito dos publicaciones sobre lo mal que llegamos a ponernos por amor, ahora cambio un poco el panorama:

Suponiendo que ya hayamos superado un poco el dolor, lo lastimados que estuvimos, ¿qué vamos a hacer? ¿Instalarnos en “automático” y repetir el mismo patrón con alguien más?

Lo importante es tomar conciencia de las cosas que hicimos y de las que no. Hacer un recuento de todo para ver qué fue lo que falló, lo que faltó o lo que sobró.

Pero que quede bien calro: “no somos víctimas ni verdugos”. Digamos que somos tantito ignorantes y demasiado apegados. Pero es normal. ¿Quién lo sabe todo cuando se trata del amor?

Además, por más que sienta uno que llevó bien una relación, cada persona, cada pareja es diferente y cuando volvemos a entregarnos después de tiempo, sentimos que estamos volviendo a empezar. “Nadie nos maltrata, nosotros permitimos ser maltratados”.

Quizás lo más importante no es lo que suceda entre dos personas, sino cómo tomemos las cosas, el significado que les demos. Y aplica igual cuando no tenemos novio o novia.
En lo personal, creo que soy una persona de estar en pareja aunque disfruto y necesito siempre mis espacios de soledad.

No es fácil encontrar química con alguien. Podemos caernos bien, incluso podemos sentirnos atraídos físicamente, pero que dos deseos, dos ilusiones, dos necesidades y dos pieles coincidan y hagan “click”, está un poco difícil. Lo más fácil y práctico es terminar el rato de pasión y rapidito pedirle un Uber para que despeje la zona, pero aquí va otro panorama:

Cuando el único “click” lo hace el resorte del colchón y acabamos dándonos tremenda “enculada”, y en lugar de pedirle un Uber, le pedimos desayuno en la cama.
A veces no nos enamoramos, tan solo nos “enculamos”. ¿Y qué es esto? Agarrar a la otra persona de pantalla para proyectar todos nuestros sueños, para querer cubrir todas nuestras carencias, para olvidarnos de la vida que tenemos y que no nos gusta.

De verdad, cuando salimos de una situación así, nos llega la famosísima pregunta: ¿Pero qué le vi? Ja, ja, ja. Y la otra persona casi ni tuvo nada que ver en nuestra tragi-comedia. Fuimos nosotros los que forzamos todo para crear una realidad de ficción.

Es uno quien se proyecta en el otro. ¿Será porque cada día y cada año que pasa nos volvemos, no más exigentes, sino más miedosos?

Suena contradictoria esta pregunta después de las afirmaciones anteriores, pero no. El miedo casi siempre es por dos cosas:

  • Estar solos y
  • No cubrir las expectativas de alguien más. Que en el fondo es lo mismo que la primera.

Todo mundo quiere ser feliz pero nadie quiere tener malos ratos. Si le pensamos tantito, nos damos cuenta que no hay felicidad sin problemas, sin atores, que no hay día sin noche. Lo que nos hace felices es el lograr resolver nuestros problemas, el superar nuestros miedos e inseguridades. Pero estas las podemos vivir solos o acompañados.

Yo soy de los que se ilusionan muy fácil. Y por más relaciones o experiencia que crea haber tenido, cuando se cruza frente a mi alguien con esa química “correcta” que me roba el aliento, se me olvida todo y mi mente empieza a proyectarse.

Por lo menos ya logro darme cuenta y me tranquilizo más o menos rápido…, pero después de un tiempo, lo que deseamos todos es simplemente toparnos con esa química una vez más, sea como sea. Esa química, esa calentura interna que nos hace sentir vivos, felices e indestructibles.

Si eres de los que van de una pareja a otra o de cama en cama, sólo pregúntate qué es lo que te mueve a hacerlo. (Y no me refiero al sentido literal… ja, ja).
En ningún momento dije que estuviera mal, simplemente, si al final no te hace sentir bien, cambia la dinámica.

No le veo sentido a seguir dándole vueltas a esa historia. En el fondo soy de los que piensan que “todo encuentro y hasta encuero casual es una cita” y toda persona que se cruza en nuestra vida, es para dejarnos justo lo que necesitamos en el momento o quizás también para llevárselo.

Así que mejor vivir relajados sin pretender controlarlo todo, sin medo a caernos (porque siempre habrá quien nos recoja) y metiéndole buen humor y buen enfoque a cada situación.

Nos leemos en la próxima.

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Acerca de 

Me gusta compartir lo que nos hace sentir bien y vivir mejor. El buen humor es básico. Amante de los animales, los viajes, la moda, la música, la fotografía, de cuidar el cuerpo y el espíritu. Aventurero, reflexivo, romántico y jocoso. Adicto a la cibernética, las cámaras y los micrófonos. Si no me divierto, no juego. Comunicador. Corazón activista. @salvadornop

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