pelirrojo

A los pelirrojos les duele más. ¿Masoquismo?

¡Efectivamente! Está científicamente comprobado: a los pelirrojos “nos duele más”.
Con haberme preguntado se los hubiera confirmado y se hubieran ahorrado años de investigación; los pelirrojos nacemos así gracias a la mutación de un gen que afecta la pigmentación (de ahí el color tan particular de nuestra piel y cabello) y éste “gen mutante” también hace que tengamos menos resistencia al dolor (aunque también conozco a unos cuantos “brunette” y unas cuantas “blondies” que también son bien chillones y poco aguantadores).

Bueno pues ¡es cierto! digan lo que digan y lo he comprobado miles de veces. Desde chavito no me explicaba por qué a los demás les parecía insignificante llámese raspón, caída de un árbol, golpecillos, etc. cuando a mi me hacían hasta llorar.
Ahora me pregunto ¿Acaso este “padecimiento” incluye también lo que viene siendo los dolores del corazón y del alma? ¿O esos son parte de otra clase de “síndrome”?
No cabe duda que la vida actúa de formas muy cagadas y misteriosas…no sé en qué momento, pero acabé inscribiéndome a entrenar Box. Me compré mis guantes, mi protector bucal, jockstraps y ¡a soltar “putazos”! (literalmente).
No sólo mi familia estaba sorprendidísima de esto, sino que yo mismo no me reconocí cuando después de un mes de llegar a mi casa con brazos torcidos, ojos “morochos”, rodillas raspadas y músculos adoloridos que no sabia ni que existían en mi cuerpo, me percaté  que ¡me encantaba!  Y que además ¡no era tan malo! Lo malo vino después cuando me di cuenta de una verdad muy triste de aceptar: me gustaba tanto entrenar Box porque “un dolor chiquito, a veces te distrae de un dolor grandote”.

Con esto no quiero decir tampoco que soy de esos que se “sambuten” un brownie y acto segundo se cortan el muslo con una navaja de rasurar, ¡no que horror! Pero si me di cuenta que ir a la jaula a sacar físicamente lo que sentimentalmente me hacía daño, resultó una maravilla, y funcionaba. Mientras más me pegaban y yo pegaba, más alivio sentía.

Esto me hizo pensar en la cantidad de cosas que nos producen dolor y que a la vez disfrutamos de alguna manera tanto física como sentimentalmente. Por ejemplo, Romina alguna vez me dijo “ Ash, estoy harta que cada vez que escucho una canción, entre más triste y lastimera suene, la disfruto más” y eso que es “blondie” (según ella).

Francamente debo confesar que tengo mi lado masoquista (con tódo y que soy pelirrojo y todo me duele más) pero digo ¿quien no lo tiene? Hasta en la cama de repente se antoja un “toque” de rudeza ¡A ver, niéguenlo!

Esto es algo que extrañaba mucho de Antonio, que teníamos el equilibrio perfecto entre dolor y placer en todos los sentidos. Soy un masoquista ¿se dan cuenta? Siempre escribo acerca de Antonio. “Masoquismo literario”.

Total, que en esa época tuve que parar no sólo de lastimarme pensando en él, sino de verlo manejando todos los Pointers rojos del DF, y dejarlo de ver en todas las llegadas nacionales en el aeropuerto y dejar de escucharlo cantar mientras se vestía, y dejar de soñarlo, y dejar de olerlo, y dejar de hacerme daño con el tormento de los últimos rounds que viví con el, porque a pesar de ser un masoquista y morderme las uñas aunque después me duelan, llegó un momento en que el dolor ya no estaba nada padre.

Nos leemos en la próxima.

@cejudisimo

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Un Comentario

  1. Anónimo
    23 Diciembre, 2016

¿Cómo ves?