Trío, ¿la relación ideal?

Trío, ¿la relación ideal?

Supongo que la noción de pareja es una herencia de la tradición, sobre todo de la tradición heterosexual. Las grandes historias sentimentales son siempre historias de parejas legendarias: Tristán e Isolda, Romeo y Julieta, María Candelaria y Lorenzo Rafael. Entonces, ¿debo sentirme un bicho raro por pertenecer a un trío, no tanto por gay sino por romper con la eterna tradición binaria de la media naranja?

Yo tenía dos amigos con los que salía de vez en cuando: con uno u otro, con ambos o en grupos más numerosos. Antonio era un veinteañero algo más joven que yo, y Marcos prácticamente de mi edad. Con ambos mantenía una amistad cariñosa en la que había demostraciones físicas de afecto, aunque siempre estando con uno u otro: la presencia del tercero inhibía los besos y los toqueteos más allá de lo habitual.

Fue Marcos quien me propuso una relación más profunda, luego de que nos viéramos una noche de mayo. Habíamos ido a un paseo nocturno en bicicleta y luego nos quedamos platicando en un bar hasta la medianoche. Me propuso quedarme en su casa… y tuvimos sexo en forma en vez de los juegos de siempre: una práctica excitante y demorada, con pausas y plática, con negociaciones para dar pie a los morbos de cada uno. Y tras la buena experiencia, vino la propuesta de una vida juntos, a la que acepté con alegría.

Sin embargo, a poco de estar viviendo en pareja, sentí que algo me faltaba emocionalmente. Seamos sinceros: amamos a un hombre pero siempre nos gusta otro al mismo tiempo. Que otro nos guste, ¿refleja que la relación va mal?, ¿que estamos traicionando al amado?, ¿que la pareja está a punto de tronar? Lo siento por los posesivos, ya sé que no estarán de acuerdo conmigo, pero tal situación no necesariamente tiene qué significar un drama.

Primero me imaginé teniendo relaciones con Antonio a espaldas de Marcos. Rápidamente deseché la idea: no me resignaba a reproducir también ese esquema, el del adulterio convencional. ¿Por qué tenía que callarme lo que sentía? Me armé de valor y hablé con Marcos. Me escuchó con atención y se quedó callado. Luego de un rato, de demandé una respuesta y dijo que no lo presionara, que tenía que tomar una decisión.

Yo sabía que con Antonio no habría problema: nos quería, seguramente más a mí que a Marcos (las intensidades de los sentimientos no se miden pero existen). Ya me había sincerado antes con él y, claro, nos echaba de menos porque, a raíz de nuestra nueva vida, él había quedado como una relación fuera del estrecho círculo que forma una pareja. Si nos llevábamos tan bien antes, no era tan descabellado querer agrandar el círculo de tal modo que cupiera alguien a quien apreciábamos tanto.

Finalmente, Marcos accedió. En mi imaginación cruzaron como un relámpago imágenes de nosotros tres en las que yo siempre ocupaba el centro, en una orgía perpetua de piel y suavidades, sudores y penetraciones caricias y alaridos… Y desde entonces así ha sido (llevamos cuatro meses juntos). De vez en cuando, un sueño se materializa y se nos da en bandeja de plata aquello que anhelamos. Yo creo que a todos y cada uno de nosotros –al menos una vez en la vida– hemos pasado (o pasaremos) por una experiencia plena que se asemeje a la perfección. Yo sé que la perfección no es para siempre. Pero, por ahora, la voy a disfrutar mientras dure.

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8 Comentarios

  1. Luis Zamudio Paniagua
    29 septiembre, 2015
  2. Anónimo
    29 septiembre, 2015
    • Rodrigo Cortez
      29 septiembre, 2015
  3. Jomi
    30 septiembre, 2015
  4. Nathaniel
    30 septiembre, 2015
    • Rodrigo Cortez
      1 octubre, 2015
  5. Anónimo
    20 abril, 2016
  6. said malug
    21 abril, 2016

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