Tango de despedida. Las cosas que hacemos y decimos cuando decimos adiós.

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Tango de despedida

– ¿Y bien? Te escucho.

–…

–¿De veras? ¿Y cómo sé si te vas a quedar o te vas a ir otra vez?

–…

–No me convences.

–…

–No, no te exaltes, tampoco me hagas escenas.

–…

– Sí, ya sé que es difícil para ti tragarte tu orgullo y venir a reconciliarte. Pero no creas que va a ser tan fácil porque…

–…

– ¡No me interrumpas! Ahora óyeme tú a mí. Ya escuché tus razones, o lo que llamas razones. Eres impulsivo y blandengue, ésa es la parte que nunca me gustó de ti. Es cierto que en muchos aspectos esa debilidad tuya me favorece, aunque termina por cansar. Nuestra relación fue desigual en ese sentido. ¿Te acuerdas de la primera vez?

–…

–¿Y me vienes con eso ahora? La primera vez llegó luego de que te quisiste hacer el difícil. Coincidimos en las reuniones del grupo y me daba cuenta de que te hacías el aparecido conmigo. Sí es cierto que me gustaste pero, ¿sabes qué, papi?, siempre fuiste tú el que llevó el peso del sentimiento, el que se moría de ganas por estar juntos.

–…

–Al principio me gustaba ese jueguito tuyo de aplazar el primer encuentro. Me gustaron las tres veces que fajamos en el Parque Bicentenario (¿o fueron cuatro?), allá en la zona más antigua y arbolada. Ahí casi no había gente y cuando había eran otras parejas, heterosexuales eso sí, y quién sabe si no se les habrá antojado a más de una de esa parejitas que jugáramos los cuatro… Total: no quisiste ir a mi casa ahí junto, me decías que primero paseáramos por el parque. Me gustaba meter mi mano debajo de tu playera y hacerte cosquillas, y a ti te encantaba jugar con la protuberancia, cada vez más tiesa, que se palpaba claramente debajo de mis jeans. Una vez hasta me vine de lo excitado que me puse cuando te desabroché la camisa y te lamí las tetillas, con todo y tus piercings, pinche chacal, de veras me gustabas.

“Pero luego, nada. Te largabas, te negabas a venir conmigo. Entonces acabaste con mi paciencia y te puse un hasta-aquí. En aquella nueva cita (¿te acuerdas? Yo te hablé, creo que era tu cumple, o estaba muy próximo. Sí, fue con ese pretexto)… ja ja… perdón, es que … ja ja… me da risa acordarme de la cara de pendejo que pusiste cuando llegaste a nuestro rincón y me viste bien abrazadito con Rubén, te miré y te dije: “¿Ya ves qué poquito vales?”. Y te quisiste hacer el enojado, pero no pudiste.

–…

–Sí, me pasé  aquella vez, pero funcionó porque de eso se trataba, cabrón. ¿Qué pasó después? Que te tenía comiendo de mi mano y ya no te pusiste reina cuando te volví a llamar. Y me tardé en hablarte, ¿recuerdas? Pasaron como dos meses.

–…

–Ah, ¿dos meses y doce días? Ja ja… o sea que llevabas la cuenta… ja ja… eso no lo sabía. Pues más a mi favor: ¿funcionó o no funcionó? Te ha de haber gustado pensar en mí tanto tiempo, ¿no? Por eso volviste como sedita y me complaciste en todos mis caprichos. Esa vez no me digas que no te gustó lo que hicimos. Me metí en la bañera y me empezaste a enjabonar la cabeza hasta que te ordené que tomaras el estropajo y me frotaras el torso. Te estabas empapando la ropa y entonces te di permiso a desnudarte… Nuestra primera vez.

Hasta la próxima…

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Acerca de 

Amante de las letras, amado por ellas. Soy lo que mis palabras dicen y también soy lo que las palabras ocultan.

2 Responses to "Tango de despedida. Las cosas que hacemos y decimos cuando decimos adiós."

  1. Ollie  7 octubre, 2016 at 15:48

    Genial, no solo por el contenido sino por la.forma de escribir. La idea de un dialogo, mostrando solamente los textos de una de las partes.

    Responder
  2. Rodrigo Cortez  9 noviembre, 2016 at 20:50

    Gracias. La forma del diálogo a medias está inpirada en una novela de Manuel Puig: La traición de Rita Hayworth.

    Responder

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