Lo que puede suceder en los viajes de trabajo. Cuentos eróticos.

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Trabajo y placer

Llegamos a la recepción del hotel. Nos registramos. Desde el aterrizaje hasta la entrada a aquel resort resentimos el cambio del clima y ya transpirábamos, deseando llegar a la habitación para cambiarnos y estar más ad hoc con los 31° de Puerto Vallarta. Daniel lucía un precioso pecho lampiño –en el que se asomaban sus pectorales– que yo atisbaba cada tanto, pensando cómo mejoraría su imagen si se desabrochara un botón más. Nos dieron una con vista a la playa, y no al mar, aunque en un panorámico noveno piso. Teníamos esa tarde libre antes de que a la mañana siguiente se iniciara el Congreso Internacional de Hispanistas.

Los viajes de trabajo son vertiginosos y agotadores en un grado que sólo lo puede describir quien los ha experimentado. Se acumula la tensión y la emoción, y los placeres que también forman parte del viaje (los ratos libres para disfrutar de las piscinas, la abundante y exquisita comida, el lujo de un hotel pagado por la universidad a la que uno representa), se disfrutan limitadamente por la escasez de tiempo y de intimidad, ya que a veces hasta en la piscina hay que hacer relaciones públicas.

Daniel era un compañero con el que hacía poco había hecho una relación cercana a la de la amistad, una de esas relaciones impuesta por las circunstancias laborales que comienzan con la tolerancia y luego se convierten en una necesidad social. De todos modos, aunque le conocía amigas, mi intuición me decía que alguna oportunidad tendría yo con él. Este viaje en el que los dos estaríamos solos sería esa oportunidad.

Además estábamos en la costa. La relajación y el ambiente paradisíaco nos rodeaba: también los atractivos turistas nacionales y extranjeros con los que nos topábamos a cada momento. Mi compañero conocía ya mi orientación sexual, así que de cuando en cuando yo hacía comentarios sobre aquel morenazo fornido o aquel barbigüero con aires de oso (sí, quería “ablandarlo” llamando la atención sobre la belleza masculina).

Me gustó que al llegar a la habitación se instalara sin preguntar, eligiendo la cama junto al ventanal. Tal vez era una tontería, pero fue como si asumiera un rol, como si comenzara a estar consciente de que, en determinado momento, él era quien mandaba por el hecho de saberse deseado. Después me di cuenta de que, tácitamente, ahí comenzó nuestro juego.

Fue durante la segunda noche, cuando ya habíamos presentado nuestra ponencia y nos encontrábamos relajados por haber cumplido con la principal obligación de aquel viaje, que charlamos al calor de un malbec. Una plática como tantas, que comenzó con tópicos superficiales y que pronto derivó a temas íntimos. Pero antes de ponernos demasiado solemnes, le dije, te propongo un juego. ¿Un juego? Sí, uno de esos juegos que consisten en pactar ciertas condiciones… y respetar una regla de oro: lo que pase aquí, aquí se queda. Comprendió, entonces, por dónde iba el asunto.

Todavía se hizo el difícil un momento, pero ya lo había visto sonreír, ya había aceptado experimentar una relación con su compañero de viaje. Ensayé unas amistosas caricias (estábamos casi en paños menores) e introduje mi mano debajo de su camiseta, tanteando aquella piel sedosa y de algún modo virgen. Luego me atreví a tocar otros terrenos más íntimos y lo sentí despertar al sexo. Aproveché su rigidez para ensayar alguna postura… a lo que él comenzó a tomar iniciativas que me confirmaron su aceptación.

Lo más excitante, curiosamente, vino después: cuando vio que me tenía a su merced y se hizo el sarcástico, dándome órdenes absurdas, que yo ejecutaba con creciente placer. Hasta que comprendí que el juego estaba dejando de serlo. Que tras aquella experiencia podría sentir que tenía autoridad sobre mí. Bueno, pensé. Si eso pasa, ya me encargaré de bajarle los humos: ahora a disfrutar el momento.

Hasta la semana que entra con otra historia.

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Acerca de 

Amante de las letras, amado por ellas. Soy lo que mis palabras dicen y también soy lo que las palabras ocultan.

3 Responses to "Lo que puede suceder en los viajes de trabajo. Cuentos eróticos."

  1. GaryG Sodi  17 febrero, 2016 at 7:42

    Muy padre relato, pero me dejó picado, quiero maaaaassss

    Responder
    • Rodrigo  17 febrero, 2016 at 14:59

      Gracias. Te invito a conocer otros relatos de esta sección de la página.

      Responder
  2. Irvin Santiago  20 febrero, 2016 at 1:01

    Me encanto el relato, pero me gustaría saber que pasó despuės

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