Entre la curiosidad y el deseo. ¿Te has arriesgado a coquetear con un hetero?

Etiquetas: ,

Tones

Isaac siempre fue un muchacho introvertido. Cuando era adolescente, todavía le tocó vivir una etapa de fuertes prejuicios en que, de haber hecho explícita su orientación sexual, habría sufrido rechazo generalizado. No existían referentes públicos –como ahora– que contribuyeran a que la gente se familiarizara con la situación gay y que la vieran como una opción más.

Alguna vez, en la preparatoria, se atrevió a insinuársele a un compañero. Llevaba días, semanas, viéndolo y soñando con él. Llegaban ambos antes de la primera clase, antes de las siete de la mañana. Siempre eran los primeros y esperaban el en aula penumbrosa (en primavera) o francamente oscura (en invierno). Una mañana, Isaac dio rienda suelta a sus planes –siempre aplazados para el día siguiente– y casi sin pensarlo le dijo a Baruch (cuyo nombre repetía por las noches, abrazando a una almohada), ¿quieres venir conmigo al baño?

Baruch se quedó un momento con cara de extrañeza y necesitó que Isaac le repitiera la pregunta para entender de qué se trataba. Aun así preguntó, con una candidez que rozaba la bobería, ¿para qué? Con lo que, en realidad, quería ganar tiempo, aplazar su respuesta, poner distancia entre las palabras y la acción, y forzar a Isaac a explicarse mejor.

Ya era tarde para dar marcha atrás. Isaac casi se arrepintió de haber abierto aquella puerta, pero ahora tenía que seguir adelante, a riesgo de ser rechazado. Ven conmigo, le dijo, te va a gustar… tú no hagas nada si no quieres, yo te haré disfrutar. Si quieres puedo… No concluyó la frase. El golpe lo tomó por sorpresa. Baruch lo dejó al ver que no ofrecía resistencia alguna, mucho menos parecía que fuera a contraatacar.

Entre la curiosidad y el deseo

Isaac experimentó varias sensaciones en esos momentos. A la adrenalina que sentía por su excitación y su atrevimiento, se sumó la decepción, el coraje y la impotencia ante la evidente superioridad de aquel chavo acostumbrado a pelear, en contraste con su nula experiencia en tales situaciones. Luego sintió temor: se había mostrado tal cual y Baruch podía ensañarse con él haciendo público aquel incidente.

Pero pasaron los días y nada ocurrió. Una tarde, mirándose al espejo por enésima vez para checar la evolución del moretón en su rostro (en casa mencionó una pelea por una chava y le restó importancia al asunto), se preguntó qué era mejor, si hacer lo que hizo o haberse quedado callado. A lo mejor Baruch lo estaba considerando. No habían vuelto a cruzar palabra desde aquel día y se conducían con la indiferencia de dos desconocidos.

Tal vez en la cabeza de Baruch se había puesto a andar la imaginación tras aquella propuesta de seducción… los pensamientos adolescentes van a 200 por hora. Alguna noche en la que Baruch no pudiera conciliar el sueño pensaría, él también, ¿qué hubiera pasado si acepto? Entonces irrumpiría en su mente la imagen de Isaac, desnudo, idealizado, transfigurado por una naciente curiosidad –que no se atrevería a llamar deseo– en un joven de cuerpo escultural, de mirada pícara y decidida, de sonrisa atrevida, una sonrisa enmarcada por una barba de tres días… Isaac, a quien había golpeado y al que ahora le tocaba ser compensado: con un abrazo de reconciliación, con un beso… ¿cómo se sentiría unir su boca a aquellos labios tan finos, en contraste con lo áspero de su barbita? Ya se veía a sí mismo deslizando sus manos por su cuello y sus hombros, sentándolo en sus piernas y gozando con el contraste de la desnudez de aquel cuerpo y su vestimenta: sintiendo la dureza de una erección que ya pugnaba por verse libre de las ataduras de la bragueta, mientras sentía en su tacto la firmeza de sus muslos… Isaac, entregándose de nuevo, nuevamente vencido, pero ahora gozoso, alguien con quien podría jugar en secreto y con quien experimentaría aquellas cosas que no se atrevería a confesar ante nadie más.

Hasta la próxima…

Recuerda seguir este blog en Facebook y

¡Suscríbete!

Acerca de 

Amante de las letras, amado por ellas. Soy lo que mis palabras dicen y también soy lo que las palabras ocultan.

6 Responses to "Entre la curiosidad y el deseo. ¿Te has arriesgado a coquetear con un hetero?"

  1. Anónimo  21 diciembre, 2015 at 17:05

    pues una vez me ligué a dos primos en un bar hetero, estábamos con unas chavas, y el lugar casi cerrando, platicábamos dentro, nos corrieron… y me invitaron un trago de la botella que había sobrado mientras buscábamos que cenar, me dispuse a ir a mi casa y me siguieron, finalmente les invité y pues terminamos jugando los tres sobre un colchón inflable en la sala,hubo un momento de miedo… pero todo pasa, se fueron, nos despedimos y la chocamos al salir el sol.

    Responder
  2. Rodrigo Cortez  21 diciembre, 2015 at 17:15

    Son experiencias que pueden ser interesantes y enriquecedoras, aunque se vivan una sola vez.

    Responder
  3. je zúñiga  21 diciembre, 2015 at 19:11

    Bonito relato. Quedé con ganas de seguir leyendo. Saludos.

    Responder
    • Rodrigo Cortez  21 diciembre, 2015 at 20:34

      Gracias.

      Responder
  4. Anónimo  22 diciembre, 2015 at 8:52

    Claro q me ha pasado y fue algo muy exitante

    Responder
  5. TXT  8 enero, 2016 at 13:44

    ¿Coquetear con heterosexual yo? ¡NI MUERTO! Es una pérdida de tiempo tener que suplicar a alguien que no es de nuestra misma condición.

    Si yo me entero que un cabrón es heterosexual, yo lo mando a la chingada, y que ni se me pare delante de mí, porque le parto la madre si es que tiene.

    Coquetear con un heterosexual ¡JAMÁS! será una experiencia “enriquecedora”, “interesante”, Y MUCHO MENOS “excitante”. Al contrario, es VERGONZOSO, HUMILLANTE Y ULTRAJANTE.

    Responder

¿Cómo ves?