Cuentos Eróticos. Amor viril en la antigua Roma. Parte I

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Spartacus

Marco Valerio, oficial recién ascendido por su méritos militares, va de regreso a la Roma de Julio César, tras haber vencido a grupos rebeldes en la provincia de Iliria y haber impuesto la paz en aquellos villorrios semisalvajes, a través de los únicos métodos que aquella plebe entiende: la espada y la sangre, el terror de la cruz y del látigo.

Lleva consigo un considerable botín que compartirá con las arcas romanas para aumentar la riqueza del Imperio, pero también traslada en una jaula tirada por caballos el tesoro que reservará para sí: un prisionero al que ya considera su esclavo.

Lo atrapó en la última emboscada a un pueblo al que los hombres bajo su mando habían cercado e incendiado. Muchos de sus compañeros se habían despachado a placer con las muchachas y los muchachos vencidos y aterrorizados, antes de ejecutarlos. Marco Valerio prefirió conservar a su presa –a la que consideraba un valioso trofeo de guerra– por su extraordinaria belleza: Demetrio era el mozo más apuesto que vería en la vida, con un cuerpo equilibrado, un rostro perfecto con dos ojos de profunda mirada, enmarcados por cejas pobladas y una barba incipiente y afilada. El militar deseó terminar pronto sus quehaceres y llegar a Roma para deleitarse con los encantos del joven.

No todo había sido fácil en aquella aventura: Demetrio había demostrado el temple necesario para luchar por su vida, incluso viéndose sin posibilidades, y luego, ya cautivo, sedujo al guardia nocturno, quien cedió a la tentación que suponía gozar de aquel cuerpo tan bien formado que inesperadamente se le ofrecía como un regalo. Una vez que estuvo desnudo y vulnerable, aquel muchacho malicioso lo atacó torciéndole el cuello. Más que el hecho de haber causado una baja en su tropa, a Marco Valerio le molestó el modo alevoso que Demetrio empleó para intentar escapar. Afortunadamente él se percató a tiempo y redujo nuevamente a su prisionero. Se dio cuenta de que someterlo llevaría un tiempo, y de que tendría que usar una estricta disciplina para que asumiera su condición de esclavo.

Entendía la lengua del Imperio, lo que facilitaba las cosas. Así que lo encadenó nuevamente y lo ató de tal modo que tendría que permanecer arrodillado y sin alimento durante muchas horas, y en esa postura los constantes calambres le impedirían descanso alguno (azotarlo sería lo más fácil, pero no quería torturarlo de forma que se mancillara su blanca y tersa piel). Y le habló de esta manera:

–Puedo enviarte al Coliseo a luchar contra las fieras, donde tendrás una muerte segura porque no estás entrenado para tales enfrentamientos, o puedo destinarte a las tareas más rudas en mis tierras, donde te esperan jornadas agotadoras que minarán tu salud y verás desgastar tu belleza, curtido con los rayos del sol de verano y tiritando con los vientos invernales, siempre vigilado por centinelas dispuestos a descargar la furia de sus látigos sobre tu espalda… pero la suerte te ha sonreído, tengo un mejor destino para ti: el lecho de tu amo, al que servirás y complacerás siempre que te requiera, siempre que en mí se despierte el deseo de poseerte y de jugar contigo. Tu principal ocupación será mantenerte fuerte y cultivar tu musculatura, con los ejercicios que te indicaré, para que seas el digno amante de tu Señor. No me olvido de la actitud rebelde que has mostrado hasta ahora: estás recibiendo el trato que te mereces, y mejor es que sepas que el camino que te espera es bastante duro, porque voy a someter tu mente tanto como estoy sometiendo ahora tu cuerpo… y eso tomará tiempo.

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Amante de las letras, amado por ellas. Soy lo que mis palabras dicen y también soy lo que las palabras ocultan.

5 Responses to "Cuentos Eróticos. Amor viril en la antigua Roma. Parte I"

  1. Anónimo  16 noviembre, 2015 at 20:14

    super

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  2. Pablo  16 noviembre, 2015 at 20:37

    Wow hermoso relato donde puedo seguir.leyendo mas

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    • Rodrigo Cortez  16 noviembre, 2015 at 22:46

      En breve, la segunda entrega.

      Responder
  3. Anónimo  16 noviembre, 2015 at 20:52

    Ya espero el siguiente capitulo

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  4. Rodrigo  17 noviembre, 2015 at 0:51

    Estupendo! Me he quedado sin aliento!

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