Contra la rutina, ¿un poco de aventura? Cuentos Eróticos.

Etiquetas: ,

Pareja

No le voy a decir a Hugo esto porque no lo comprendería, se enojaría y acabaríamos peleando. Y entendería su enojo. Eso es lo que tiene el matrimonio: aprendes a anticiparte a las reacciones de tu pareja. ¿Cómo decirle que desde hace algún tiempo él no forma parte de mis fantasías, sino de mi vida? ¿Cómo decirle que mis fantasías son un juego y él es en serio? A pesar de que suene tan racional, decirle eso sería darle un golpe bajo. Se sentiría desplazado.

Cuando éramos novios, se me sentía con un brío poco usual en mí. Con él me sentía ligero y tomaba iniciativas que normalmente no acostumbraba. Hablaba de todo un poco, sin pensar, emitiendo opiniones a menudo sarcásticas y exhibiendo cierta desvergüenza. Eso le gustaba a Hugo. También le daba rienda suelta a mis ocurrencias, como una vez en la Zona Rosa: salíamos de un antro y –medio achispados que andábamos por el alcohol– me acerqué a un policía que rondaba una esquina de Génova y empecé a coquetear con él (era un oficial joven pero de un aire sumamente marcial, lo que lo volvía más sexy); le propuse venir con nosotros. El riesgo era grande porque nos expuse a una sanción desproporcionada –cosa nada rara en este país–. El poli, tal vez por la relajación de la hora, por estar acostumbrado a tratar con frikis o, ¿quién sabe?, tal vez por haber oído antes propuestas indecorosas (de veras aguantaba el tipo), me siguió la corriente y hasta admitió un toqueteo rápido que terminó con un madrazo que me derribó, y ya en el piso, sin perder su sonrisa, se despidió con el mismo tono amigable con el que habíamos hablado.

Luego en casa, nos divertíamos imitando ese inverosímil modo de golpear amablemente, excitándonos con el hecho de haber estado tan cerca de sufrir represalias más graves, como ser arrestados y conducidos a una celda.

En fin, que nos divertíamos mucho, pero luego de unos años juntos… la novedad está en otra parte: en lo futuro, en el hombre que acabas de conocer, en la posibilidad de lo desconocido. ¿Cómo explicar que no soportaría la vida sin Hugo, que quiero estar con él hasta el final, y al mismo tiempo necesito reforzar esa otra parte, la de la sexualidad y el desenfreno? Posiblemente, sea egoísta por mi parte pensar así, pero es la verdad. Quiero experimentar con otros hombres a espaldas de mi amado. A sus espaldas: requisito indispensable para que se conserve el encanto de la travesura.

Hugo, perdóname. Ahora quiero jugar a serte infiel, quiero correr ese riesgo: el de exponerme a tu enojo y al de tu desengaño, quiero jugar a que estoy solo nuevamente… ¿Tan difícil es de entender?…

Así pensaba, y ya estaba decidido convertirme en adúltero. Una vez que me decidí, me sentí más ligero. Haría las cosas con cuidado y seguiría siendo feliz con Hugo. La expectativa abierta por mi resolución inmediatamente me hizo pensar en los prospectos de seducción más a la mano: un vecino que tocaba el saxofón en un cuarteto de jazz, al que habíamos ido a ver al restaurante de Avenida Revolución donde actuaba, o el trabajador social, tan simpático, que nos atendió cuando nos hicimos una prueba de VIH. Le hablé a Fernando, el jazzista, me dijo que ya salía con alguien y no necesitaba más por el momento. Lástima, pensé, ha de estar en las primeras fases de su relación porque hasta hace poco no tenía a nadie. Lástima porque era mi primera opción, muy por encima del trabajador social. Cuando llegué a casa me sorprendí al ver a Hugo escuchando, contra su costumbre, un disco de John Coltrane.

Nos leemos la semana que entra. Mi grupo en FB

Sigue el blog en Facebook y

¡Suscríbete gratuitamente!

Acerca de 

Amante de las letras, amado por ellas. Soy lo que mis palabras dicen y también soy lo que las palabras ocultan.

¿Cómo ves?