Arturo y esa primera vez… Cuento Erótico

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dos hombres en la regadera

Arturo… podría decir también su apellido, pero qué importa. Además alguien puede dudar incluso de que su nombre de pila sea real. Lo real en todo esto es que nunca lo olvidé.

Llegó a medio curso, por ahí de enero o febrero. Quién sabe de qué otra prepa saldría… o lo expulsaron. Se decían varias cosas de él, nunca confirmadas. Más allá de lo intempestivo de su llegada (que se acentuó por el impacto que causó entre muchachas y muchachos), lo recuerdo porque él fue algo así como mi primer amor.

Digo “algo así” porque, cuando se mencionan esas palabras (“el primer amor”), se suele pensar en una historia grandiosa o, por lo menos, muy sentimental. ¿Qué tuve con Arturo? Una serie de sueños, de deseos… y mi primera experiencia sexual.

Él era uno de esos líderes naturales, por su agraciado físico y por la seguridad que demostraba en todos sus actos. Estaba lejos de ser un alumno modelo, y sin embargo sacaba adelante las asignaturas con mayor fortuna que otros chavos, que parecían esforzarse más. Tenía su grupo de secuaces y en mí apenas reparaba, pues la timidez que me caracteriza estaba por aquella época más acentuada: había sido víctima de lo que hoy se llama bullying (por obvias razones, pues era medio obvio) y prefería pasar desapercibido, lo que había aprendido a hacer.

Hasta un día en que nos quedamos solos en el aula. Y platicando distraídamente de naderías, se aproximó a mí, por la espalda, mientras yo contemplaba el panorama de la calle junto a la ventana. Y sentí su aliento en mi nuca al tiempo que me sujetaba por ambas muñecas haciendo una agradable presión contra el quicio de la ventana… y también sentí otra presión entre mis glúteos, una dulce sensación inédita, un toqueteo que, aunque fuera con la ropa puesta, era lo bastante poderoso para detonar la excitación.

Aquellos intensos momentos debieron de durar poco. En mi recuerdo son eternidades por la cantidad de sensaciones que experimenté y que me tardaría demasiado en explicar. Ese fue el preámbulo de una breve temporada en la que fuimos desinhibiéndonos y siendo más nosotros mismos cada vez que nos encontrábamos en la intimidad.

Comenzamos por estar a ratos en los baños de la escuela, mientras permanecían solitarios. Los toqueteos subieron de tono y ya nos aventurábamos a desvestirnos, bien que parcialmente por temor a ser descubiertos, temor que –ay– era un ingrediente que volvió inolvidables aquellos encuentros. La ocasión de consumar uno de ellos con calma, con sexo horizontal, se presentó una tarde en que me quedé solo en casa. La familiaridad había crecido entre nosotros: no obstante, incluso cuando nadie nos veía, manteníamos en actitud y en palabras una camaradería de amigos. Tácitamente, entendimos que no éramos novios, y que nunca nos dejaríamos llevar por cursilerías de 14 de febrero, de corazoncitos y caramelos.

Lo que más recuerdo de aquel día es el regaderazo que nos dimos, que pretendía ser un placer previo al coito, pero que se convirtió en el escenario perfecto para consumar los deseos de ambos: el agua tibia en nuestra piel como mil manos que nos acariciaban al tiempo que venían los abrazos y los besos….

dos hombres en la regadera

 

El tiempo nos llevó por caminos diferentes. Sucedió lo que ocurre en la mayoría de los casos: que cada individuo construye su camino y se aleja de quienes, en algún momento de su primera juventud, estuvieron cerca.

Un día, después de años, después de lluvias y calores, de una licenciatura y una maestría, de cuatro empleos, de viajes y vacaciones, de dos parejas estables y cinco amantes incidentales, di con él a través del Facebook.

Reconocí los rasgos de aquel joven al que amé en el rostro de un señor que no carecía de atractivo, aunque en definitiva le sobraban varios kilos. ¿Qué habrá sido de su vida? ¿A qué se dedicará? Preguntas como ésas me asaltaron al instante, al ver a Arturo, décadas después de habernos hablado por última vez, en aquella foto de su perfil, en la que sonreía mirando al vacío. Vacilé unos días ante la disyuntiva de comunicarme con él o dejarlo pasar.

Y al fin decidí que era mejor dar por terminada esa historia, no remover el pasado –sobre todo ese pasado erótico y esplendoroso que viví con él– y fijarlo en la memoria a través de un relato, como el que estoy terminando de escribir.

Nos leemos el próximo martes con hotra historia….

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Acerca de 

Amante de las letras, amado por ellas. Soy lo que mis palabras dicen y también soy lo que las palabras ocultan.

2 Responses to "Arturo y esa primera vez… Cuento Erótico"

  1. SerOh  24 febrero, 2016 at 23:56

    Yo también tuve un crush así de intenso en la prepa aunque no llego al plano sexual, tu relato me hizo volver a vivir eso tan padre.

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    • Rodrigo  25 febrero, 2016 at 9:51

      Que bueno que evocaste un agradable recuerdo. Gracias por tu comentario.

      Responder

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