¿Existe el cine gay? Amor gay: rebeldía con causa. James Dean

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Jim (James Dean) ofrece su chamarra a Platon (Sal Mineo) su compañero de escuela y amigo. Platon la toma sin ocultar la emoción que lo embarga, la toca con veneración y se la pone. No hace falta que le diga a su amigo: “Te deseo y te amo por sobre todo y sobre todos”. Su actitud es totalmente explícita y, sin embargo, al quedarse callado, permite que el público de aquella época (1955) pase por alto esos sentimientos prohibidos.

Rebelde sin causa, dirigida por Nicholas Ray, es una película que admite una doble lectura –porque de otro modo posiblemente habría tenido problemas de distribución– y cuyo estreno quedó marcado por la muerte de Dean, ocurrida semanas antes del estreno.

Son muchos los que opinan que hablar de “cine gay” es tomarle el pelo a las personas. Es cierto que ha habido varios cineastas públicamente homosexuales, como Pier Paolo Pasolini o Pedro Almodóvar. También hay numerosas películas que han abordado el tema de la homosexualidad, tengan o no un director LGTTB.

Pero decir que hay un cine gay, ¿es algo arbitrario igual que puede serlo hablar de futbol gay o de repostería gay? En el mundo de los géneros, se habla de un western cuando se recrea el ambiente del viejo oeste; se habla de un thiller cuando existe un componente de intriga y de suspenso, a menudo con elementos policiacos. Desde ese ángulo, indudablemente que hay filmes gay, cuya temática gira en torno al mundillo que conformamos quienes pertenecemos a esta diversidad.

También están aquellas películas en las que se encuentran elementos de esta temática sin ser necesariamente predominantes. Lo más interesante es que producciones así se pueden rastrear en épocas impensables, si tomamos en cuenta un ambiente de censura que había alrededor de temas considerados escabrosos.

Tal es el caso de los años 50, cuando la industria cinematográfica estadounidense se recuperaba de los estragos que la segunda guerra mundial le había causado, y recuperaba terreno explorando diversos géneros y temáticas… siempre dentro de los límites que imponía la moral de la época  y el régimen de McCarthy.

Rebelde sin causa cuenta la relación de tres adolescentes conflictivos dos hombres y una chica (Natalie Wood) cuya relación permanece en la ambigüedad de principio a fin. Son un antecedente remoto de los personajes de la novela posmoderna La Generación X, de Douglas Coupland, porque tanto unos como otros parecen disfrazar el amor con una apariencia de amistad, de camaradería, aunque debajo de ese compañerismo haya una tensión sexual latente y permanente.

La guapura de James Dean y la ternura de Sal Mineo –de los que se rumora que tuvieron efectivamente una relación más allá de la amistad durante el rodaje– invitan a ver este clásico del cine norteamericano con nuevos ojos. Verlo desde el ángulo de los deseos reprimidos, de las medias palabras, de las miradas y las pequeñas acciones, que son las que le dan el verdadero sentido a la película.

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